
Estados Unidos y la caída del imperio
Por José Ángel Turro Gomero
Hace unos años expresé que el regreso de D. Trump al poder en Estados Unidos era la señal más clara de la caída definitiva del imperio yanqui. La práctica me ha dado la razón con creces. El imperio cae por su propio peso, víctima de políticas trumpistas nefastas y de su incapacidad para reinventarse. Estados Unidos seguirá siendo una gran potencia mundial, pero habrá dejado de ser el hegemón dominante que podía imponer sus decisiones al resto del mundo. Vamos a las evidencias. Uno de los pilares esenciales que sostienen al imperialismo norteamericano es el dólar, impuesto a la fuerza como moneda internacional de cambio y de reserva a través del famoso petrodólar. Estados Unidos obligó a Arabia Saudí en 1974 a vender todo su petróleo en dólares, junto a las marionetas monárquicas del Golfo. Si querías petróleo, necesitabas dólares. Además, los excedentes producidos por la venta de petróleo se destinaban a la compra de bonos del tesoro yanqui, es decir: a financiar la economía imperial, lo que le permite manejar su inmensa deuda. Pero el petrodólar se está cayendo en pedazos. Arabia Saudí comenzó a vender parte de su petróleo en yuanes chinos (su principal comprador) rompiendo la hegemonía del dólar. Irán vende su petróleo en yuanes. Rusia lo hizo primero en rublos y ya ha anunciado que lo venderá en yuanes a toda la Unión Europea, pues a China hace rato que se lo vende en su moneda. Sin el petrodólar, la hegemonía financiera estadounidense se desvanece sin remedio, provocando una baja en la necesidad del dólar e inflación en Estados Unidos. La guerra contra Irán ha demostrado a las monarquías petroleras títeres del golfo, que el poderoso ejército yanqui presente en sus múltiples y carísimas bases militares, no los puede proteger de los misiles hipersónicos y de los eficientes drones baratos iraníes que amenazan con desaparecerlos del mapa. Si no me puedes proteger, tampoco me puedes amenazar ni obligarme a vender el petróleo solo en dólares, ni a comprar tus bonos del tesoro para financiar artificialmente tu decadente economía. Ya Qatar pidió la salida de las tropas yanquis de su territorio, Irak igualmente. Los imperios han basado su poder en la fuerza de sus ejércitos y en su capacidad para imponer su voluntad mediante la violencia armada y el miedo. La guerra contra Irán ha mostrado las falencias militares imperiales. Sus dos poderosos portaaviones (Gerald Ford y el Abraham Lincoln) fueron puestos fuera de combate nada más asomar la cabeza en el golfo. El símbolo del poder naval yanqui, sus máquinas de ataque repletas de aviones de última generación, tuvieron que ser retiradas a miles de kilómetros de Irán para evitar ser blanco de los misiles hipersónicos iraníes. El mundo observó perplejo tal desenlace por mucho que los youtuber mercenarios lo tratasen de ocultar. Irán resiste con valor inusitado los salvajes bombardeos yanquis y sionistas, mantiene cerrado el estrecho de Ormuz pese a las amenazas, sus misiles siguen penetrando las infalibles defensas antiaéreas norteamericanas e israelíes convertidas en un colador. El imperio todopoderoso va dejando de existir en las mentes del planeta. Si una superpotencia no puede contra un país del tercer mundo, es porque ha dejado de serlo. La retirada total de Estados Unidos de sus humeantes bases militares en el Medio Oriente es el símbolo evidente de su debacle como imperio. La derrota contra Irán trasciende el Golfo Pérsico. La Europa sumisa y rastrera, ante la debilidad manifiesta en la guerra, se rebela, se niega a acompañar al debilitado imperio en su alocada aventura militar. España le prohíbe el uso de sus bases militares de Rota y Morón para agredir a Irán. Reino Unido, Alemania y Francia se rehúsan a brindar ayuda militar para abrir el estrecho de Ormuz e Italia le prohíbe el uso de su espacio aéreo para agredir a Irán y la Primera Ministra viajará a este país para gestionar permiso a sus barcos para traer petróleo. Esto era impensable meses atrás.
Los cipayos europeos se van acomodando a la nueva correlación de fuerzas y a las realidades del teatro de operaciones militares. Irán cambia el mundo con su resistencia. Trump amenaza a España por su negativa y Pedro Sánchez corre hacia China y firma nuevos acuerdos que lo protejan de la furia yanqui. Porque hoy hacia dónde correr: CHINA, su yuan, su tecnología, su inmensa capacidad industrial, financiera y militar. China emerge como potencia mundial a una velocidad inusitada. No se ha visto involucrada en ninguna guerra durante décadas. Su yuan va ocupando cada vez más espacio en las finanzas mundiales, su sistema de transferencias financieras en sustitución del Zwich norteamericano es asumido de modo creciente por varios países por su superioridad tecnológica, rapidez operacional, seguridad e independencia de Estados Unidos. El gigante asiático domina de modo monopólico la producción de tierras raras sin las cuales Silicón Valley se paraliza, lidera la producción de autos eléctricos y sorprende al mundo con sus tecnologías avanzadas, sus trenes de alta velocidad, su portentosa infraestructura, sus avances en telecomunicaciones, su sistema Beidou que sustituye al GPS y sus avances en Inteligencia Artificial. China es una esponja que absorbe lo mejor y más avanzado de la tecnología mundial, incluyendo la norteamericana. El mundo observa cómo la moderna y tecnológicamente avanzada armada china casi duplica a la de Estados Unidos. China, con 841 buques de guerra y Estados Unidos con 465. En el mar, es león contra mono. Un ejemplo reciente: Estados Unidos bloqueó la salida de los tanqueros del Golfo Pérsico y ese mismo día, China hizo desfilar ante las narices de la flota yanqui dos supertanqueros sin que se atrevieran a tocarlos. Mientras, el maltrecho imperio yanqui, con una deuda increíble e impagable, gasta miles de millones diarios en una guerra que no ganará, dejando de modernizar su infraestructura económica y tecnológica, enriqueciendo al Complejo Militar Industrial y empobreciendo al país, comprometiendo su futuro. China acaba de aprobar su último plan quinquenal, con un programa de desarrollo bien elaborado, con ciencia y consenso social, con metas claras y visión de futuro. Estados Unidos hoy, con la caterva de dementes y pedófilos en el poder, sin líderes capacitados, es un barco a la deriva que, guiado por las corrientes oceánicas, va directo al abismo. Otro elemento importante a tener en cuenta: la decadencia moral e intelectual de los dirigentes norteamericanos frente a la inteligencia, preparación cultural y capacidad estratégica de los líderes de China y Rusia. Estados Unidos recuerda hoy la Roma de Nerón o Calígula. Trump y Biden simbolizan la degeneración del imperio, hombres seniles, incongruentes, ciegos ante las realidades mundiales, incapaces de ver las causas reales de la pérdida de poder creciente de su país y de articular un programa coherente de recuperación. En Estados Unidos el fentanilo arrasa con comunidades enteras, millones de personas viven en las calles, otras tantas carecen de seguro médico, se desindustrializa a pesar de las promesas de Trump, resurgen la Panteras Negras en Filadelfia en medio de la violencia creada por los pogromos racistas del ICE que asesina personas inocentes ante las cámaras. Estados Unidos es un tigre de papel que chorrea sangre por todos lados y está dejando de ser, a los ojos del mundo, el país idílico que en realidad nunca fue.
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